Con dolor físico, que no emocional, acabo (seguramente) un ciclo. Lo cierro y lo guardo con cariño junto con ese álbum de fotos que tanto me río al mirar o junto a aquellas tiernas cartas que despiertan en mí dulces recuerdos con sabor a fresa, horchata y algodón de azúcar...
Y lo más importante, cierro en mí este inútil ciclo de ansiedad, represión, indecisión y valoraciones morales que no me llevaban a ningún sitio y desde allí; desde la puerta del País de Nunca Jamás, suspiro al darme cuenta de que no me arrepiento de nada...
El chico del diario
martes 23 de enero de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada